‘Tie a yellow ribbon round the ole oak tree’
Viendo solo el titulo de esta canción, porque si, es una canción, para la mayoría será una más, pero si ahondas en su historia verás que toma otra dimensión y si además es una de esas canciones que te transportan a tu niñez, y consigue recordar alguno de esos momentos de tus años felices, pues aún cobra muchísima más importancia.
La idea de la canción nace de una historia real, la cuál tenía como protagonista a un convicto que recibe su paso a la libertad tras pasar un extenso periodo tras las rejas. El periodista Pete Hamill publicó un bonito artículo en el diario “New York Post” titulado ‘Going home’ en octubre de 1971. En él relataba un viaje en autobús en el que unos jóvenes que viajaban hacia Florida se hacían amigos de un hombre que escondía un secreto: “Su rostro polvoriento enmascaraba su edad, vestía un sencillo traje marrón que no le quedaba bien. Sus dedos estaban manchados por cigarrillos y se mordía mucho el interior de su labio. Se sentó en completo silencio y parecía completamente inconsciente de la existencia de los demás”. Se llamaba Vingo y su aura de misterio intrigó a los jóvenes viajeros. Era un ex convicto que regresaba a casa después de pasar muchos años en prisión.
El lazo amarillo atado a un árbol cobró importancia durante la crisis de los rehenes en Irán entre 1979 y 1981, como símbolo de apoyo a los retenidos en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Se volvieron a utilizar como señal de esperanza para que regresaran sanos y salvos los soldados en las guerras del Golfo (1990) y de Irak (2003), y también como crítica y reclamo para que estos soldados estuviesen de vuelta de forma inmediata. Actualmente, están colocados alrededor de cientos de arboles en USA para significar que un habitante de ese hogar está combatiendo en el extranjero, y que es esperado por sus seres queridos.Con el tiempo han aparecido lazos de todos los colores con diferentes significados, pero no hay que olvidar que el amarillo fue el primero y que, gracias a él, Tony Orlando & Dawn lograron su momento de gloria con uno de los temas más versionados de la historia y con una canción que sería más popular que el propio grupo que la interpretó.
Para un niño de 10
años, interno en un hospicio, el viernes por la tarde era lo más esperado de la
semana, ver a su madre o en algunas ocasiones a su tía entrando por ese portón
gigante de aquel edificio que en su día fue palacio, situado en la plaza de la Trinidad numero 1, era un cambio en la expresión de la cara, el brillo de los
ojos era distinto y el ánimo para afrontar el fin de semana crecía por
momentos. La dirección que tomaban era por San Quirce hacia moreras y todo el
paseo Isabel la Católica hasta llegar al paseo de Zorrilla, ya desde el campo
grande a veces con parada en los columpios cercanos al paseo de filipinos, y
sin parar de andar llegábamos a la calle Florida numero 10 donde vivíamos en
aquellos años. El sábado y domingo todo aquel que tenía familia lo pasaba
en su casa, no aquellos que carecían de ella, que lo pasaban en el colegio.
Así llegaba esa
tarde de domingo donde sin ningún pretexto había que regresar, no se si la
tristeza era por volver al internado o por afrontar otra semana de clases, o
quizás ambas. Como fuere, el paseo a la inversa le tengo muy presente,
recorríamos toda la rosaleda, las moreras y en meses de piscina, la Samoa y la
olímpica con su bullicio y jaleo y sobre todo la música que salía desde esos
lugares, como si fuese hoy correteando por aquel lugar, a mi mente se me viene
aquella canción de los mismos que no paraba de sonar, “Pon una cinta al viejo
roble” grabada se me quedó desde entonces y cada vez que la escucho vuelvo a
los columpios de las moreras, vuelvo a pasar por la puerta de las piscinas y
vuelvo a eso años que aunque lejos en el tiempo están todavía presentes en
mi vida. Por eso la música es tan importante en la vida, al menos en la
mía.


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