miércoles, 3 de enero de 2018

Os acordais?...Los reyes y la ilusión

La casualidad de la vida hizo que yo sea el mayor de cuatro hermanos, todos chicos y con una diferencia de edad entre nosotros, de no mas de dos años, también por casualidad el destino me acogió en una familia humilde, más bien tirando a pobre, de lo que nunca tuve queja, a decir verdad, fui feliz incluso así.
Con estas indicaciones os podéis imaginar los días de navidad en mi familia,cuando nos juntabamos todos éramos muchos a celebrarlo, no solo nosotros cinco, estaban mis tíos , mis primos y el matrimonio estrella en todas las casas...mis abuelos. Ellos eran el pegamento que unía a la familia, con el tiempo he descubierto que en todas las familias son el punto de unión.
 Por tradición o decisión suya, los días importantes se hacia todo en su casa, y así mientras las madres y mi abuela guisaban y preparaban cenas y demás, los hombres se iban al bar, supongo que para no estorbar en la cocina, o esa es la escusa desde mi posición de hombre, la verdad vamos a endosarsela a la época.

Y quedábamos nosotros, los pequeños medianos y grandes,  mezclados chicos y chicas porque algunos días éramos muchos, cada uno asumía su papel, los mayores cuidaban de los pequeños o más bien estos,  servían de conejillos de indias para pintarles o mangonearles, cuales bebes en forma de muñeca, imaginaban mis primas con más edad. Los intermedios ya no eramos usables y lo único que haciamos era zanganear y corretear por la casa, con lo que, si te acercabas a la cocina te caía alguna colleja de las madres y si estropeabas el teatro de las primas te llevabas alguna galleta de ellas, y sin defensa ninguna pues eran las mayores y siempre llevaban razón.
Asi se pasaban las horas de antes de cada comida o cena navideña, a eso de las 20:30, aparecían los hombres. El fútbol, la caza o el trabajo, sus temas favoritos y a voz viva para que se les oyera llegar desde el portal. Por sus reacciones se notaba que no venían de hacer deporte, o más bien si, pero quedándose todo en levantamiento de vidrio.

 A las nueve todo el mundo sentado a cenar que mi abuelo ya tenía hambre, y después lo de siempre; risas, alguna que otra bronca, el brindis, y a levantarse de la mesa cuanto antes. Hasta que llegaba la hora de irse a casa, pues todos alli no cabíamos a dormir. Y así en resumen, eran los días de navidad en familia.
Pero se acercaba el día que todos los niños esperaban, el día de reyes. Y como dije me tocó ser el mayor de los hermanos y de la casa, y muy tempranito tuve que conocer el gran misterio del reino de Oriente, por lo cual, aunque mantenía esa invisible ilusión, era el encargado de ayudar a mi madre en las compras de juguetes para mis hermanos. Poco era lo que podía comprarnos mi madre, y nada que decir del sacrificio que hacía, pero, sus caras el día de reyes lo decían todo, y claro callando y disimulando y orgulloso de ver aquella estampa; el pequeño con su tractor de colorines, el otro con un fuerte apache que daba juego para todos, el siguiente un madelman de la época y para el mayor unos juegos reunidos geyper, para toda la familia.

Lástima que un día tan señalado para tanto niño sea en las vísperas de volver al colegio, solo saber que nos esperaba nuestro juguete en casa, podía levantarnos el ánimo para ir a clase, que más que ir nos llevaban.
Mira por donde, a pesar de tener poco, en nuestra condición de internos también teníamos doble motivo de estar contentos, pues al llegar con uno o dos días de retraso, según el año, recogíamos los reyes del colegio. Tampoco era para tirar cohetes, pero lo recuerdo con mucho cariño, es más, aún conservo un estuche doble de pinturas y rotuladores, que usé poco para que no se gastara, y una flauta que pocas veces toqué, ambos han llegado a nuestros días después de más de cuarenta años conmigo, y la gran sorpresa de una de las navidades fue una melódica que por pedir si que la pedí, pero la sorpresa es que llegó, y también lleva conmigo desde entonces.
La primera tarde de esos días era gratificante vernos en el patio, cada uno con su regalo, la mayoría más interesado en el del otro, pero entretenidos todos jugando.
Hasta que a las dos semanas volvía la rutina, y del colegio al estudio, estudio y colegio, y así durante muchos años y aunque los tiempos cambian para los que tienen la edad que nosotros tuvimos entonces,  la ilusión aún continua...¡¡¡FELICES REYES¡¡¡


No hay comentarios:

Publicar un comentario